miércoles, 9 de diciembre de 2009

OVER THE GAME

PUBLICADO EN EL NÚMERO 25 DE ARTECONTEXTO
SEVILLA, ESPACIO INICIARTE
COMISARIO 
ZEMOS98 Gestión Creativo Cultural Flavio Escribano

Participantes: Totto Rena, Bungie Studios y Neil Blomkamp, Joan Leandre, Mar Canet, Jayme Cochrane, Travis Kirton, Valeriano López, Felipe G. Gil, Daniel Franca y Enrique Colinet, Clara Boj y Diego Díaz, Julian Oliver, Michael Schuon, Steph Thirion, Chiu Longina, Pedro Delgado, CaninoStudios, Abelardo Gil-Fournier, Ominous Dev y Jun Fujiki.

La iglesia gótico–mudéjar de Santa Lucía, sede del Espacio Iniciarte de Sevilla, alberga del 26 de noviembre de 2009 al 17 de enero de 2010 la muestra Over the game, sobre arte y videojuegos. Comisariada por Flavio Escribano de Arsgame y el equipo Zemos98.

La exposición organizada a través de diferentes lugares que siguen la lógica espacial del edificio religioso, parece configurar una analogía entre el antiguo culto católico y el actual culto a la tecnología, encarnado en forma de videojuegos. Así, en la cabecera de la iglesia, encontramos la pieza In the name of Kernel! Song of the Iron Bird, 2006–2007, de Joan Leandre, una videoproyección basada en la estética de los simuladores de vuelo, celestes imágenes para el altar del templo de Santa Lucía.

Frente a la pieza de Leandre, en el centro de la nave mayor, se sitúa una estructura flexible de tubos de cartón, obra de los arquitectos Paco González y Nacho Domínguez – Adame, que cierra esta zona como si de un antiguo coro se tratase. En este lugar hallamos los mejores ejemplos del más acierto notable de la exposición: el de unir lo local con lo global. Aquí piezas de realizadores andaluces, como Estrecho Adventure ,1996, de Valeriano López, vídeo que a través de la estética de los videojuegos denuncia el drama de la inmigración, o s-2211, 2007 – 2008, paseo virtual por un inundado sótano de la facultad de Bellas Artes de Sevilla, de Daniel Franca y Enrique Colinet; conviven con obras de gran reconocimiento internacional, caso de levelHead, 2007, el juego tridimensional del neozelandés Julián Oliver, un kafkiano laberinto a base de cubos interactivos.

El último lugar de la exposición es una sala de juegos situada en la capilla del crucero de la iglesia que alberga cuatro máquinas para jugar y dos piezas producidas exclusivamente para la exposición: Sala de máquinas, 2009, concierto de ambientes sonoros para seis altavoces dirigido por Chiu Longina y producido por Berio Molina; y PrayStation 4 an extra life, 2009, instalación de luces y dibujos de Pedro Delgado, que siguiendo una arquitectura clásica de frontón partido, hace las veces de retablo de altar en una postmoderna capilla consagrada al ocio y la recreación colectiva.

La exposición se completa con varias piezas individuales situadas en las naves laterales de la iglesia. De entre ellas podemos destacar Atari Cold War, 2007, la obra más autocrítica de la exposición, creación de uno de sus comisarios, Flavio Escribano. La infografía de gran formato combina dos imágenes de míticos videojuego de Atari: en la parte superior un caza soviético, rodeado de hoces y martillos, vuela amenazante; mientras en la inferior un helicóptero norteamericano, sobre un fondo estrellado, augura un inminente enfrentamiento. En el catálogo de la exposición habla Escribano sobre estos videojuegos orientados a la propaganda, como medios de demonización del enemigo y estetización de los elementos de represión – emancipación.

A pesar de la pieza de Flavio, quizás sea precisamente la autocrítica al entorno de los videojuegos, lo que más se eche en falta en Over the Game. Carencia compartida, no obstante, con la mayoría de muestras que sobre Net.art y videojuegos se vienen realizando. La celebración del entorno de la Web 2.0 y la supuesta libertad que conllevan estas tecnologías, no es excusa para olvidar una cierta distancia crítica, siempre útil, entre los profesionales del medio y el propio medio. Pues como decía Paul Virilio a Philippe Petit en 1997, durante la entrevista recogida en el libro El Cibermundo, la política de lo peor: sin libertad para criticar la técnica no existe progreso técnico, sino una tiranía de la tecnociencia.

carlos g. de castro



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